Opinión sobre el curso de Japonés Online desde Cero para principiantes

Curso de japonés online desde cero: opinión comparada para quienes quieren aprender japonés con un curso de idiomas de pago

Pauso el audio con un clic seco justo en la frase que no termino de pillar, la rebobino, la pongo otra vez, y sigo sin cazar del todo la partícula que separa el sujeto del resto. Llevo seis años saltando de curso en curso y de app en app, y esa frase a medias explica mejor que cualquier opinión de cinco estrellas colgada en Hotmart lo que de verdad compra un curso de japonés online: minutos de comprensión real, no promesas de fluidez en dos meses.

Antes de seguir, la parte aburrida pero necesaria: este sitio, Quichelo, se sostiene con enlaces de afiliado. Si entras en alguno de los cursos que menciono y te apuntas, me llevo una comisión pequeña sin que a ti te cueste ni un euro de más. Recomiendo lo que he pagado de mi bolsillo y probado con mis propios cuadernos llenos de tachones; si algo no funciona, lo digo igual, porque ya he tirado dinero suficiente en cursos que no cumplieron lo prometido.

El veredicto: curso estructurado, no varita mágica

La respuesta corta es que sí, Japonés Online desde Cero vale el dinero, pero solo si entras sabiendo que compras orden, no magia. Nadie mete el japonés en la cabeza de nadie mientras duerme por mucho que haya pagado. Si tu plan es abrir el curso una vez a la semana y esperar resultados, mejor gástate eso en una cena por El Tubo. El curso pone el mapa; aprender japonés en serio te toca ponerlo a ti, cuaderno en mano.

Cuaderno de trazos hiragana corregidos, parte del proceso para aprender japonés con un curso online desde cero

Cuatro intentos con apps y cursos de idiomas que no llegaron a nada

Aguanté una racha de seis meses seguidos con la app verde de las rachas, día tras día, hasta que las vacaciones de agosto la rompieron sin avisar. Al volver me di cuenta de que llevaba meses acumulando racha, no vocabulario: completaba los ejercicios de memoria y delante de una frase nueva me quedaba en blanco. La racha subía; el japonés real, no tanto.

Antes de este curso pagué otro, también de japonés, que arrancaba fuerte y se deshinchaba mal. Llegué al módulo tres, el de los verbos, y el ritmo cambió de golpe: vídeos más largos, ejercicios que asumían un nivel que yo no tenía y ninguna guía sobre cómo repasar lo anterior. Cerré la pestaña esa misma noche y no volví a abrirla.

Con un tercer curso pedí el reembolso por una razón menos elegante: escribí dos veces a soporte con una duda sobre el acceso y tardaron casi una semana en contestar, justo cuando el plazo de devolución estaba a punto de cerrarse. No esperé más: pedí que me devolvieran el dinero antes de quedarme sin margen, y no me arrepiento.

El francés sí lo terminé entero, de principio a fin, y aun así llegué al final leyendo y escribiendo mejor de lo que hablaba. El temario apenas tenía ejercicios de producción oral: mucha gramática, mucho vocabulario, pocas ocasiones de abrir la boca de verdad. Lo noté pidiendo un café en una terraza durante un viaje a París: solté la frase que había repasado veinte veces en el curso y el camarero me contestó en francés a toda velocidad, dando por hecho que le había entendido. No le entendí una palabra.

¿Por qué este curso sí sale a cuenta?

Aquí no me pasó nada de eso. El curso ordena el sistema de escritura antes de soltarte a hablar: primero los 46 caracteres hiragana básicos, después los otros 46 caracteres katakana, y solo entonces empieza a mezclar kanji en las lecciones. En un curso de japonés desde cero, el punto donde aparecen las partículas, esa "wa" y esa "ga" que a un hispanohablante no le encajan en ninguna categoría conocida, suele ser justo donde mucha gente abandona; aquí, al menos, hay práctica guiada en ese tramo y no solo teoría suelta seguida de un examen. Vídeos cortos, del tamaño de una pausa entre tickets de soporte, sin relleno.

Interfaz de un curso de japonés online en Hotmart, uno de los cursos de idiomas que comparo en esta opinión

Dónde el curso se queda corto

No todo es limpio. Hay un tramo de gramática intermedia que pasa de puntillas por construcciones que a un hispanohablante le cuestan bastante más de lo que el temario reconoce, y el soporte tarda: escribí con una duda concreta y la respuesta llegó dos días después, no al momento, con la pila de cuadernos de cuadrícula, japonés y francés mezclados sin ningún orden, creciendo al lado del teclado mientras esperaba. Tampoco es el curso más ambicioso en pronunciación: yo mismo me pasé meses centrado en memorizar kanji y dejé la pronunciación para más tarde, y corregir ese orden después cuesta más tiempo del que ahorré al principio. Si vienes de un curso de coreano como el de Coreano de Cero a Experto, notarás que este es más sólido en la base pero menos lanzado a la conversación desde el primer día.

Haciendo cuentas: coste por hora frente al reloj real

Un lector, Guillermo Bravo, me escribió hace poco preguntando si merecía la pena retomar el japonés que había dejado aparcado quince años atrás; trabaja en turismo en Santiago de Chile y, calculador como es, quería saber cuántas horas de contenido real traía el curso antes de sacar la tarjeta. Le dije lo mismo que me digo yo: divide el precio entre las horas de vídeo y ejercicio que de verdad vas a usar, no entre las que promete la página de ventas. Un adulto con trabajo de oficina no tiene tres horas libres al día; tiene, con suerte, un rato robado después de cenar y algún audio de camino al trabajo, así que ese cálculo pesa más que cualquier promesa de aprender japonés en noventa días. Frente a ver vídeos sueltos en YouTube sin ningún orden, aquí cada hora pagada trae progresión detrás, aunque eso no la vuelve gratis ni la única vía posible.

Mi amigo Iñaki Zubieta, con el que coincidí en el instituto aquí en Zaragoza, es de los que no paga un curso si no ve el retorno clarísimo: lleva años en una empresa de import-export y necesita un inglés funcional para escribir correos a proveedores extranjeros, nada de literatura. Cuando le pregunté qué miraba antes de sacar la tarjeta para un curso de idiomas, no habló de nativos ni de exámenes: habló de si el temario resolvía lo que él iba a usar de verdad en su trabajo, correo a correo. Esa es la pregunta que yo debería haberme hecho antes de pagar el curso de japonés que abandoné en el módulo tres.

La garantía de Hotmart, explicada sin letra pequeña

Aquí sí merece la pena pararse, porque es lo que más me preguntan por email. Entra en juego el periodo de garantía de Hotmart: siete días desde la compra para pedir la devolución desde la propia plataforma sin dar más explicación que un motivo. Me puse un límite mental antes de empezar: si a la semana no sabía presentarme en japonés ni leer el hiragana básico, pedía el reembolso. No hizo falta, pero tener esa salida marcada quita presión a la decisión de pagar. Lo otro que conviene saber, porque no siempre queda claro en la página de ventas, es que la mayoría de estos cursos de idiomas en Hotmart —este incluido— se compran una sola vez, con acceso de por vida al material, sin cuota mensual que te vuelva a cobrar el mes que viene. Eso cambia la cuenta frente a una suscripción: pagas una vez y el curso sigue ahí el día que retomes el japonés después de meses sin abrirlo. Tampoco es un curso pensado para preparar un examen de certificación concreto: cada nivel, sea el JLPT para japonés o el DELF para francés, se mide con criterios propios y se prepara aparte.

Taza de café junto a una guía de estudio JLPT N5, apoyo de repaso al elegir un curso de japonés online desde cero

Cuándo este curso gana y cuándo no lo necesitas

Si vienes de un año de apps sueltas y notas que la racha sube pero el nivel no, este curso gana: da la progresión que a mí me faltó las primeras veces, y el precio se reparte entre más horas de contenido guiado que las que ibas a juntar tú solo rebuscando en YouTube. Si en cambio ya tienes una base sólida de gramática y lo que te falta es soltura oral, no lo necesitas todavía. Ese hueco lo tapa mejor la práctica de conversación real, no otro temario de kanji. Lo he comprobado antes con dos cursos de francés que prometían lo mismo en la portada y tenían una profundidad de contenido completamente distinta por dentro; con los idiomas pasa igual que con este. Y si lo que buscas es francés para el trabajo más que japonés por gusto, el curso de Francés de Cero a Pro sigue una lógica parecida de orden y ritmo, aunque el francés perdona errores que el japonés no perdona.

Sigo dándome cabezazos con las partículas "wa" y "ga" cada dos por tres, confundiendo el trazo de "nu" con el de "me" en mitad de una frase que creía tener dominada. Eso no lo arregla ningún curso por sí solo. Pero entre este temario, la garantía de siete días como red de seguridad y saber ya qué preguntarme antes de pagar, la próxima vez que alguien en la oficina pregunte por dónde empezar con el japonés, le paso el enlace a Japonés Online desde Cero sin pensarlo dos veces.