
Iñaki me escribe el mensaje de siempre: ¿me lo compro o no? Esta vez no es inglés para sus proveedores — es un curso de francés online que le ha pasado un colega, y quiere saber si merece la pena antes de sacar la tarjeta en Hotmart. Le respondo lo que le llevo repitiendo desde que empezó a consultarme estas cosas: antes de mirar el precio, cuenta las horas reales que vas a meterle entre semana. Esa cuenta decide más que cualquier comparativa de idiomas que encuentres buscando en internet, y más que las estrellitas que le ponga otro alumno en la página de ventas.
Curro en soporte técnico dentro de una empresa de logística, así que sé lo que es llegar a casa sin ganas de abrir un libro. Aprender un idioma siendo adulto no se parece en nada a hacerlo con veinte años y la tarde libre por delante. Por eso, cuando alguien me pregunta qué curso de francés online le conviene, lo primero que contesto no tiene que ver con el precio, sino con cuántas noches a la semana va a sentarse delante de la lección sin que se le cierren los ojos.
¿De verdad hace falta pagar por un curso de francés online?
No siempre. Si solo quieres pedir un café en París una semana al año, una app gratuita te aguanta de sobra. El problema aparece cuando necesitas el idioma para currar: entender un correo, seguir una llamada, no quedarte en blanco cuando suena el teléfono. Ahí la app se queda corta, porque no corrige, no exige constancia y no te obliga a repasar lo que se te olvida.
Probé antes de pagar nada. Me compré un libro de gramática francesa en Casa del Libro, de esos gordos con ejercicios al final de cada tema, convencido de que con fuerza de voluntad bastaba. Sigue en la estantería, prácticamente sin abrir. Lo que me faltaba no era información, era alguien marcándome el orden y exigiéndome que llegara a la lección siguiente.
Las horas reales que tienes, antes que el precio
Cuánto tiempo a la semana puede sacar un adulto que curra es un tema que ya desarrollé con calma en otro texto, igual que el cálculo de precio por hora de estudio, que merece su propio artículo aparte; aquí me quedo con la versión corta: cuenta con lo que de verdad te sobra después de cenar, no con lo que te gustaría tener. Por qué se abandona un curso al principio también da para un artículo entero, pero baste decir que la lección tres es donde más gente lo deja, casi siempre porque el ritmo no encajaba con su semana real.
Miro la duración de cada lección antes que cualquier otra cosa. Si dura más de veinte minutos, la gente que trabaja ocho horas se queda dormida a mitad. Buscamos píldoras que quepan en el hueco entre cenar y acostarte, no conferencias que necesiten silencio y un cuaderno nuevo.
Gramática en español o profesor nativo: qué pesa más al empezar
Si estás arrancando desde cero, un profesor nativo explicándote por qué el subjuntivo francés es un lío, cuando ni siquiera entiendes el subjuntivo en español, es tirar el dinero. El curso que compensa, para alguien que curra ocho horas, es el que tiene un orden claro y la gramática explicada en tu propio idioma; el soporte técnico también pesa, pero eso lo desarrollo aparte en otro artículo centrado solo en ese punto. Cuánto contenido real cabe dentro de cada curso de francés, módulo a módulo, también lo comparo con detalle en otro sitio; aquí me interesa más qué idioma usa el curso para explicarte el idioma que estás aprendiendo.
También miro si te enseñan los acentos desde la primera semana. El francés tiene varios signos que cambian el sonido de una palabra entera, y un curso que salta directo a frases complejas sin pararse ahí te deja arrastrando errores que luego cuesta mucho corregir.

Cómo saber si un curso barato es una trampa
El idioma se organiza en 6 niveles del MCER, y no hace falta memorizarlos para detectar una promesa hueca: si un curso de cincuenta euros te asegura que vas a llegar a C1 en tres meses trabajando a jornada completa, desconfía. La progresión real de cada nivel la desmenuzo en otro artículo aparte; aquí basta con saber que existen y que ningún curso serio se salta media escalera de un salto.
Guillermo, un lector que me escribió hace tiempo después de leer mi opinión sobre un curso de japonés, volvió a escribirme tres meses después para contarme cómo le había ido. No hablábamos de francés, pero la lección sirve igual: había pagado más de lo que esperaba y el contenido no daba para tanto. El precio, por sí solo, no es indicador de nada.
¿Qué pasa si el curso no encaja después de pagarlo?
Hotmart tiene un plazo de devolución que protege al comprador si el curso no es lo que prometía la página de ventas; cómo funciona el trámite paso a paso lo cuento con detalle en otro sitio, aquí me quedo con que existe y que lo he usado más de una vez sin remordimiento. Si un curso no te deja cancelar sin líos dentro de ese plazo, es una señal de que algo no encaja en cómo trata a sus alumnos.
La disputa entre apps gratis y curso de pago la desmonto con calma en otro artículo; aquí baste decir que, para un objetivo concreto de trabajo, la app sola nunca me ha bastado. Sirve para calentar, no para sostener una conversación real cuando hay presión de por medio.

Mi veredicto para quien solo necesita entenderse por email o en una llamada
Elige según el objetivo, no según el marketing. Hay cursos pensados para irse de vacaciones y cursos pensados para currar, y son animales distintos. Si lo que necesitas es que tu jefe deje de mirarte raro cuando llega un correo de la sede de París, busca el segundo, aunque el primero tenga mejor vídeo promocional.
La primera vez que aguanté un audio de una lección entera sin darle al pause ni rebobinar ni una sola vez, supe que el método estaba funcionando mejor que cualquier racha de app. Con el japonés sigo trabándome con las partículas, así que no voy a venderte que todo se me da igual de bien; hay idiomas que se resisten más que otros por mucho orden que le pongas. Si te interesa esta misma lógica de coste frente a horas reales aplicada a otro idioma, tengo mi comparativa de cursos de coreano online para principiantes, donde comparo con la misma vara de medir.
El curso que gana no es el que tiene mejor cartel, sino el que sobrevive al miércoles por la noche, cuando ya estás cansado y lo fácil sería cerrar el portátil.