
¿Cuántas horas de inglés te da en realidad un curso que promete nivel básico en un fin de semana? Antes de fijarte en las reseñas de cinco estrellas o en la oferta de lanzamiento, esa es la pregunta que casi nadie se hace, y es la que más caro me ha salido no hacerme a mí mismo. Comparando cursos online de inglés y de otros idiomas he terminado respondiendo siempre las mismas dudas a compañeros de oficina y a algún lector que escribe por correo antes de meter la tarjeta en Hotmart. Van aquí, de un tirón, los fallos que veo repetirse en los cursos pensados para nivel A1 del MCER.
La lista no es teoría de manual. Cada fallo de aquí lo pagué yo antes que nadie: un módulo que prometía gramática y se quedaba en vocabulario de aeropuerto, un plazo de devolución que estuve a punto de dejar pasar, una racha de Duolingo de seis meses que se rompió justo en vacaciones de agosto y no volvió a levantar cabeza. Vamos por partes, pregunta a pregunta.
¿Cuántas horas hacen falta de verdad para llegar a A1?
Ningún curso serio lleva de cero a nivel A1 en un fin de semana, por mucho que el anuncio lo prometa en letras grandes. El propio Marco Común Europeo de Referencia para las lenguas calcula entre 70 y 100 horas de aprendizaje guiado para ese primer escalón, no las 24 horas de vídeo que empaquetan algunos de estos cursos básicos. Ahí está el primer error de quien compra con prisa: confunde ver el contenido con haberlo asimilado, y son cosas muy distintas cuando toca abrir la boca de verdad.
Terminar un curso así con la barra de progreso al cien por cien no significa que el idioma se haya quedado contigo. Significa que has visto todo el vídeo, que no es lo mismo. Esa distancia entre completar y aprender es, para mí, el motivo número uno por el que la gente abandona los cursos básicos enseguida: se siente estafada por su propio progreso, porque el dashboard dice una cosa y la boca dice otra el día que toca usar el idioma con alguien real.

El contenido para principiantes suele ser el problema, no la solución
Los cursos etiquetados como "para principiantes" tienden a tratarte como si nunca hubieras resuelto nada en la vida: colores, animales, el tiempo que hace. Útil si vas de turista un par de días, bastante inútil si lo que necesitas es defenderte por escrito con un proveedor en otro país. Mi amigo Iñaki, del instituto, lleva años en una empresa de importación y exportación y necesita un inglés que aguante un correo formal, no vocabulario de cuaderno de primero, y es de las pocas personas que me llama antes de apuntarse a nada, así que sé de primera mano qué se pregunta alguien antes de pagar por un curso básico.
Ese es el segundo motivo de abandono: el curso no conecta con para qué querías el idioma en primer lugar. Si tu inglés tiene que sobrevivir una reunión con acento nativo y ritmo rápido, y no un audio grabado despacio para principiantes, ese salto de dificultad hay que entrenarlo aparte — de cómo transferir el inglés de un curso a una reunión de trabajo real ya hablé con más calma en otro artículo.
App gratis o curso de pago: cómo decido cada vez
Antes de gastar nada, prueba a fondo lo gratuito, y hazlo en serio, no dos días sueltos. A mí Duolingo me aguantó seis meses seguidos sin fallar uno, hasta que la racha se rompió en vacaciones de agosto y ya no volví a coger el ritmo. Ese tropiezo me enseñó algo que no esperaba: el fallo no fue la aplicación, fue que ninguna app avisa cuando llevas tiempo estancado, porque el marcador solo cuenta días seguidos, no nivel real.
Cuánto tiempo puede sacar realmente a la semana un adulto que curra ocho horas y encima quiere meterle mano a un idioma es otra cuestión que ya desmenucé aparte, y ahí es donde de verdad se decide si compensa pagar o seguir tirando de la app. Aquí me limito a dejarte esto: si tu racha gratuita ya se rompió más de una vez, probablemente necesitas la estructura que solo un curso de pago te obliga a seguir, con alguien al otro lado esperando que entregues algo.
Probar el soporte antes de comprometerte con el temario
El día que tengas una duda de verdad, no la típica duda tonta de la lección uno, vas a necesitar que alguien te conteste rápido, y ahí es donde se cae la mayoría de estos cursos. Mandé una consulta sobre una estructura de frase que no me cuadraba y la respuesta tardó días en llegar, con un tono de plantilla copiada mil veces. Para cuando contestaron, ya había perdido la paciencia con el curso entero.
Ese es el momento perfecto para probar el plazo de devolución, no para amenazar con usarlo. Hotmart da un margen de días para probar un curso antes de comprometerte del todo —de eso hablé más a fondo cuando repasé un curso de japonés— y ese margen es tuyo: úsalo para escribir al soporte con una pregunta real y cronometrar cuánto tardan en responder, no para releer el temario. Al final no llegué a pedir la devolución de ese curso en concreto —la duda se resolvió sola, tarde— pero sí he tenido que mandar el correo de devolución en otro curso distinto, y ese trámite fue rápido y sin preguntas raras, que es como debería ser siempre.

La pronunciación no debería esperar al último módulo
Dejar la pronunciación para el final es de los fallos que más veo repetirse en los cursos básicos de inglés, que se concentran en listas de vocabulario y dejan la boca para más adelante, como si hablar bien fuera un lujo de nivel avanzado. Si un curso no te hace repetir en voz alta desde las primeras lecciones, ese hueco se nota el día que tienes que hablar con alguien que no tiene paciencia para esperar a que termines la frase en tu cabeza.
Sobre si compensa pagar aparte por un curso centrado solo en fonética, ya escribí cuando revisé si vale la pena el curso Fonética del Inglés para hispanohablantes adultos, con más detalle del que cabe en esta lista de errores. Aquí baste decir que un curso básico que no toca el oído hasta el módulo final está dejando la parte más difícil para cuando ya te has cansado del resto.
¿Qué certificación necesitas en realidad?
Antes de fijarte en si el curso te da un diploma bonito al final, pregúntate para qué vas a necesitar ese papel. No es lo mismo un curso pensado para nivel A1 que uno diseñado para preparar un examen oficial, y confundir ambas cosas es otro clásico de quien compra con prisa. Ya hice una comparativa de certificaciones de idiomas para explicar qué mide cada una, así que aquí dejo solo el aviso: si tu trabajo te va a pedir un nivel concreto pronto, comprueba primero qué examen exige antes de pagar por un curso que ni siquiera prepara para ese formato.
Elegir sin perderte entre veinte pestañas abiertas
Comparar cursos con veinte pestañas abiertas a la vez casi siempre termina en comprar el que tiene mejor vídeo de presentación, no el que mejor enseña. Los criterios completos para elegir sin perderte, soporte técnico incluido, los dejé en otro artículo aparte, así que aquí me quedo con lo esencial: mira las horas reales de práctica antes que el precio total, porque calcular el precio por hora solo tiene sentido cuando ya sabes cuánto vas a usar el curso de verdad. Si el temario se queda en lo básico o va más allá con matices de verdad es algo que también comparé a fondo con un curso de francés — en inglés el patrón se repite casi calcado.
Con el japonés me pasa al revés: las partículas y los marcadores gramaticales son un lío que ya traté aparte al hablar de cómo elegir curso de japonés, y ahí sí que voy más lento que con el inglés. Pero hay días en que el idioma hace clic sin avisar: reconocí el nombre de una estación de metro en japonés en una foto que me pasó alguien, sin necesitar la transliteración de al lado, y esa sensación de entender sin traducir es la que un curso de inglés básico debería darte mucho antes de lo que crees.
Lo que sí merece la pena pagar
Al final la decisión no es tan complicada como la pintan los anuncios: paga por lo que un curso gratuito no te puede dar (correcciones reales, una estructura que te obligue a producir el idioma y no solo a reconocerlo, soporte que responda en horas y no en días) y no pagues por lo que ya tienes gratis en cualquier aplicación. Iñaki me hizo una vez una pregunta parecida a la que te dejo ahora a ti: ¿qué vas a poder hacer con este idioma que ahora mismo no puedas hacer? Si la respuesta es concreta, el curso probablemente vale lo que cuesta. Si es vaga, es un curso más para la pila de los que se quedan a medias.